¿Cesta de la compra o lista de los deseos?

En las tiendas virtuales, cuanto más claro y sencillo se lo pongamos a nuestros clientes mejor que mejor. Los conceptos deben estar claramente fijados, el camino a seguir muy marcado, sin dar lugar a equívocos que puedan terminar en una compra perdida y un cliente insatisfecho.

Desde hace unos años llevo observando cierta tendencia en las tiendas virtuales a utilizar términos “decorativos” donde antes se usaban conceptos ampliamente estandarizados. Si hiciéramos una encuestra preguntando a los usuarios qué es lo que entienden por “cesta de la compra” en una tienda virtual, pocos se equivocarían. Hagamos lo mismo con el término “lista de los deseos” y el resultado no será, ni de lejos, tan bueno como en el primer caso. Y siendo esto tan obvio, me pregunto todavía por qué muchas tiendas virtuales se empeñan en realizar estos “experimentos” en los que sin darse cuenta obtienen más perjuicio que beneficio. Si los usuarios están acostumbrados a un término, no siempre es bueno cambiarlo.

Recordemos que el perfil medio de nuestros clientes no es el mismo que en Estados Unidos, Inglaterra u otros países en los que internet se usa más y desde hace más tiempo. No siempre debemos importar las ideas que vemos en esos “mercados más avanzados”. No siempre van a darnos buenos resultados. Y aunque algunos piensen que el término elegido para algo tan simple como el carro de compra no influirá en sus ventas, que mire el tiempo medio de visita de un cliente nuevo en una tienda virtual. Si con el poco tiempo que está, encima no encuentra de un golpe de vista lo que busca, mal vamos. Aquí suma todo.

Salvo contadas excepciones, respetar la terminología de nuestras tiendas virtuales es un buen consejo. El mantener términos no está reñido con el innovar en nuestro ecommerce. Pero de ahí a que el cliente se pierda hay un paso. Menos wishlist y más shoppingcart. Menos listas de los deseos y más cestas/carros de la compra.

Nuevos modelos de publicidad en tiempos de crisis

Que la crisis agudiza el ingenio es algo que todos sabemos. En épocas de necesidad el ser humano se ve obligado a sacar lo mejor de sí mismo para sobrevivir. En la publicidad ocurre exactamente lo mismo. Los modelos antiguos quedan desfasados y pierden efectividad. Renovarse o morir, no queda otra.

Llevo un par de semanas escuchando en la radio una campaña que ha sacado la empresa Badía, especialista en jamones y embutidos, aunque ya disponen de varios supermercados en la provincia de Sevilla donde ofrecen una gan variedad de productos. En sus cuñas radiofónicas anuncian lo siguiente: de lunes a jueves, presentando la cartilla del paro y el DNI te hacen un 5% de descuento del total de tu compra. Impresionante.

No sólo llenan horario donde la afluencia de clientes es menor, sino que además atraen a un tipo de cliente (desempleado) que va en aumento en estos tiempos de crisis. Y además realizan, a mi entender, una labor solidaria muy importante, ya que toda ayuda es poca en esta época que estamos pasando.

El aumento en sus ventas, el alto gado de fidelización que están logrando y la gran confianza que aportan a los clientes con este tipo de iniciativas les durará incluso cuando la crisis haya pasado. Una campaña de marketing muy bien pensada, adaptada a los tiempos que corren y que favorece tanto a la empresa como al cliente. Felicidades a Badía. Un ejemplo a seguir.